Una pregunta en la calle que dice mucho sobre cómo hemos aprendido a vestirnos… y cómo empezamos a desaprenderlo. ¿Para quién te vistes realmente?
Algo está cambiando...
Hace unos días salimos a la calle con una pregunta muy simple
“¿Alguna vez te has puesto algo solo para estar a la altura?”
También hicimos esta pregunta a nuestras lectoras. Las respuestas llegaron rápido. Y muchas empezaban igual.
Sí.
Sí, claro.
Una mujer lo resumía así:
“Nunca vas muy arreglada y llega una boda y te pones algo especial.”
Eventos. Bodas. Cenas. Graduaciones.
Momentos en los que parece que la ropa tiene un guion ya escrito.
Y muchas veces ese guion no tiene mucho que ver contigo.
Cuando la ropa no te representa
Varias mujeres describieron una sensación muy concreta.
No es que la ropa les quedara mal.
Es que no eran ellas.
Una lo expresaba con una palabra que lo resume todo:
“Disfrazada.”
Como cuando te toca ir de largo.
O llevar algo que nunca elegirías.
Lo llevas porque toca.
Y mientras tanto solo piensas en una cosa: que termine pronto para volver a tu ropa.
Durante mucho tiempo vestirnos fue cumplir expectativas
Durante años vestirnos tuvo mucho que ver con encajar. La ropa marcaba muchas cosas.
Qué edad aparentabas.
Qué tipo de mujer eras.
Qué lugar ocupabas.
Había una forma “correcta” de vestir para cada ocasión.
Y muchas aprendimos a seguir esas reglas sin cuestionarlas.
Pero algo está cambiando
Entre las respuestas apareció una idea que se repetía una y otra vez:
La comodidad.
Pero no solo como sensación física.
Comodidad como libertad.
Comodidad para moverte.
Para trabajar.
Para vivir.
Una mujer lo decía así:
“Si no me siento cómoda no puedo salir a la calle con eso puesto.”
Otra lo resumía de forma muy simple:
“Ahora me pongo lo que me facilita la vida.”
Con el tiempo muchas mujeres cambian la pregunta
Muchas de nuestras lectoras contaban algo parecido:
“En la veintena sentía que tenía que encajar.
Seguir la moda.
No llamar demasiado la atención.
Pero con los años empecé a mirar la ropa de otra manera:
Ya no sigo modas, me fijo en tejidos, construcción y que vaya conmigo.”
Otra lo resumía con una frase aún más simple:
“Ya no me visto para los demás, sino para mí.”
La ropa nunca fue solo ropa
Vestir también habla de quién eres.
De lo que eliges.
De lo que ya no eliges.
De las cosas que empiezas a dejar atrás.
Una lectora lo explicaba con una frase que nos hizo pensar:
“Desde que no me representan, ya no me quedan bien.”
Quizá la pregunta no sea qué se lleva esta temporada
Quizá la pregunta sea otra.
¿Para quién te vistes realmente?
